La respuesta corta
Una app a medida para iOS y Android, diseñada, desarrollada y publicada en las stores, cuesta entre 10.000 y más de 50.000 €. El precio no lo marca el tipo de app, sino lo que tiene que hacer:
- Una app con lo esencial: entre 10.000 y 20.000 €, de 2 a 3 meses. Pocas pantallas, pensadas para móvil, y usuarios que se registran e inician sesión. El backend es uno ya hecho, como Strapi, que se configura en lugar de programarse: desde su panel, tu equipo gestiona el contenido y los usuarios.
- Con un backend a medida: entre 20.000 y 50.000 €, de 3 a 5 meses. Cuando la app necesita lógica propia, como puntos y recompensas o notificaciones según lo que hace cada usuario, y un panel hecho a la medida de cómo trabaja tu equipo. Suele conectarse con servicios comunes, como el inicio de sesión con Google o Apple, los mapas o una pasarela de pago.
- Con sistemas corporativos o requisitos exigentes: desde 50.000 €, a partir de 5 meses. Conexión con el ERP, el CRM o el inicio de sesión corporativo de tu empresa, un modo sin conexión que sincroniza los datos al recuperar la cobertura, o un backend preparado para muchos usuarios a la vez o con una seguridad reforzada, como la que piden los datos de salud.
Ojo con lo que parece sencillo. Un catálogo o la app de un evento suenan a app pequeña, pero en cuanto llevan un programa de fidelización o se conectan con tus sistemas pasan al segundo o al tercer grupo. Lo que cuesta es lo que pides que haga la app, no el nombre que le pongas.
Los rangos incluyen el diseño, el desarrollo para iOS y Android, el backend y el panel cuando hacen falta, y la publicación en las stores. Aparte van los servidores, el mantenimiento y las cuentas de desarrollador de Apple y Google, que explicamos más abajo.
Qué hace subir o bajar el precio
Lo que más pesa no es el número de pantallas, sino lo que hay detrás de ellas:
- Backend. Si la app tiene usuarios o contenido que gestiona tu equipo, necesita un backend: un servidor, una base de datos y un panel. Uno ya hecho, como Strapi, se configura en lugar de programarse, y basta para muchas apps. Cuando hace falta lógica propia, se hace a medida, y se puede hacer tan sofisticado como pida la app: rendimiento para muchos usuarios a la vez, seguridad reforzada, un panel personalizado. Cada una de estas cosas suma coste, y es la parte que no se ve en la app.
- Integraciones. No cuesta lo mismo conectarse con servicios comunes, como el inicio de sesión con Google, los mapas o una pasarela de pago, que con el ERP o el CRM de tu empresa. Los primeros están hechos para eso y bien documentados. Un sistema corporativo suele estar adaptado a cada empresa, a veces sin una API preparada, y cada conexión hay que estudiarla, como la del catálogo de Compo Expert, sincronizado con sus sistemas.
- Modo sin conexión. Que la app siga funcionando sin cobertura y sincronice los datos al recuperarla, como los cuestionarios de Tu Decisión. Hay que decidir qué datos se guardan en el móvil, qué pasa si dos personas cambian lo mismo y cómo se avisa de lo que falta por enviar, y todo eso se hace en la app y en el backend.
- Tablets. Una app pensada para móvil también se abre en una tablet, pero no aprovecha la pantalla. Diseñarla para tablet supone repensar cada pantalla para ese tamaño, y más aún si tiene que girar entre vertical y horizontal o funcionar en ventanas de cualquier tamaño en el iPad, como la pantalla dividida o las ventanas flotantes.
- Pantallas y flujos. Cuantas más pantallas y más caminos distintos (perfiles de usuario, estados, errores), más diseño, más desarrollo y más pruebas.
- Diseño. Una interfaz a medida, validada con un prototipo, cuesta más que adaptar un estilo existente, y se nota en cómo se usa la app cada día.
- Otros requisitos. La accesibilidad, varios idiomas o los datos de salud añaden trabajo en cada parte del proyecto.
¿iOS y Android cuestan el doble? No. Trabajamos con React Native: una sola base de código para las dos plataformas, con rendimiento y aspecto nativos. Hacer las dos cuesta algo más que hacer solo una, porque hay que probar y publicar en ambas, pero muy lejos del doble.
Lo que se paga después del lanzamiento
Una app no se termina al publicarla. Cuenta con tres costes:
- Mantenimiento. Apple y Google sacan versiones nuevas de iOS y Android cada año y piden que las apps se actualicen: Google Play deja de ofrecer a los usuarios nuevos con móviles recientes las apps que no lo hacen. Nuestro mantenimiento básico, desde 99 € al mes sin IVA, mantiene la app al día en las stores ante estas pequeñas actualizaciones. Si quieres que incluya correcciones, soporte o mejoras, el precio depende de lo que entre.
- Servidores. El backend necesita un alojamiento, que va aparte del mantenimiento y depende del uso: no es lo mismo una app con cien usuarios que una con cien mil.
- Cuentas de desarrollador. Apple cobra 99 dólares al año y Google, un pago único de 25. En el apartado siguiente te explicamos cómo darlas de alta.
Las funciones nuevas, la evolución de la app, se presupuestan aparte, como un proyecto pequeño.
Cómo se dan de alta las cuentas de Apple y Google
Para publicar una app hacen falta dos cuentas de desarrollador: una de Apple, para la App Store, y otra de Google, para Google Play. Lo normal es que sean tuyas, a nombre de tu empresa: así la app es tuya aunque un día cambies de proveedor. Tú las das de alta, nos invitas como usuarios y nosotros lo configuramos todo: las fichas de las stores, los certificados, los formularios de privacidad y cada envío a revisión.
Apple Developer Program: 99 dólares al año (Apple lo cobra en euros al pagar). Para darse de alta como empresa, Apple pide:
- Que la empresa sea una entidad legal: no vale un nombre comercial.
- Un número D-U-N-S.
- Una web pública con dominio propio y un email de ese dominio.
- Que quien da de alta la cuenta pueda firmar en nombre de la empresa, con un Apple Account con verificación en dos pasos.
Apple revisa los datos antes de aprobar el alta.
Google Play Console: un pago único de 25 dólares. Como empresa, Google pide el número D-U-N-S, la web y el teléfono de la empresa, un contacto con email y teléfono y, a veces, un documento de identidad. Conviene abrirla como organización y no como cuenta personal: las cuentas personales nuevas tienen que hacer una prueba cerrada con al menos 12 personas durante 14 días antes de poder publicar.
El D-U-N-S es un número que identifica a tu empresa y que da Dun & Bradstreet. Es gratuito, pero puede tardar hasta una semana. Muchas empresas ya lo tienen sin saberlo: Apple tiene un buscador para comprobarlo.
Nuestro consejo: empieza el alta al principio del proyecto, no al final. Entre el D-U-N-S y las revisiones de Apple y Google pueden pasar un par de semanas, y es mejor que no retrasen el lanzamiento.
Cómo gastar menos sin que salga más caro
- Empieza por una primera versión. Lo imprescindible para que la app sea útil, publicado pronto; lo demás, cuando sepas qué usa la gente de verdad.
- Un solo código para iOS y Android. Con React Native no pagas dos apps.
- Prototipo antes de programar. Cambiar una pantalla en el prototipo cuesta minutos; cambiarla en la app ya programada, días.
- Decide qué no harás. Cada función «por si acaso» cuesta desarrollarla y, después, mantenerla.
- Compara qué incluye cada presupuesto, no solo la cifra. Si el más barato no incluye el backend, el panel, las pruebas o la publicación, lo pagarás después.
Cómo hacemos el presupuesto
Empezamos con una llamada de 30 minutos para entender qué quieres conseguir, para quién es la app y qué limitaciones hay. Después te enviamos una propuesta con alcance, plazos y presupuesto, sin letra pequeña.
En los proyectos pequeños, el precio es cerrado para todo el proyecto. En los más grandes, lo cerramos por fases (diseño, desarrollo, lanzamiento): cada fase tiene su alcance y su precio, y si a medio camino quieres cambiar algo, te decimos lo que cuesta antes de hacerlo. Desde el principio tienes versiones de prueba en tu móvil para ver cómo avanza la app.